La imagen dañada

La transgresión es tan solo una variación de una vieja historia: la historia de una magia simpática, perversa aunque a veces también juguetona, por la que el atravesar, rasgar, o en definitiva destruir una imagen no hace más que devolverla a la vida, incluso mientras muere.

Defacement, Michael Taussig

Se dice que la imagen arde, que solo existe allí donde se vuelve ruina o catástrofe, que su refugio es el destello que la desfigura.(1) Pero hacerla arder, asumirla como catástrofe, o llevarla a su punto de desfiguración, no son más que maneras de hablar: metáforas para señalar un modo particular de aparición. Sin embargo, ¿qué ocurre cuando la metáfora se literaliza? ¿Cuando la ruina de la imagen no solo indica una temporalidad compleja, sino las marcas de una acción deliberada? ¿Cuando, en definitiva, no solo hay huella de un proceso sino mímesis convertida en motivo? Estas son algunas de las preguntas que me planteo a partir de ciertas prácticas de cine experimental contemporáneo realizado en México para las que la imagen dañada —quemada, arruinada, rasgada, ilegible— y del proceso mismo de dañar la imagen —realizado, casi siempre, con el mayor de los cuidados— aparecen como resultados y procedimientos de trabajo recurrentes.

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Miguel Errazu, “La imagen dañada”, Campo de relámpagos, 09 de diciembre de 2018. Disponible en: http://campoderelampagos.org/critica-y-reviews/12/2/2018?rq=miguel%20errazu